jueves, 19 de julio de 2012

Santa Teresa III


Día 2


La primera mañana me levante a eso de las 7:30 con la mandíbula hinchada del lado derecho. La peor de las suertes la mía. Así estuve hasta las 10 más o menos cuando las chicas se fueron despertando y nos fuimos para la playa La Moza. Volvimos a eso de la 1 cuando ya no podíamos más del sol, del calor y del hambre. Almorzamos, algunas durmieron siesta y las otras ni idea que se quedaron haciendo (de nuevo) porque yo estaba en el grupo de la siesta, obviamente. Cuando me desperté seguía con la mandíbula hinchada y la ‘medica’ (que en realidad no es la futura médica del grupo) saco de su botiquín de primeros auxilios un blíster de Perifar 600 que es analgésico y antiinflamatorio, amor puro al Perifar 600 después de eso. Me tomé un par de pastillitas que mejoraron un poco mi situación.
A eso de las 5 más o menos volvimos a La Moza, 3 horitas de sol, arena, agua y nos volvimos. Unas se fueron a bañar, otras al super y otras, como siempre se quedaron bobeando, ordenando o quién sabe haciendo qué. La cosa fue que decidimos comer sangüches. Las abombadas que fueron a comprar las cosas compraron $250 de jamón, yo la verdad que no lo podía creer, eso nunca hubiera pasado si no me hubiese quedado pelotudeando. Lo que sobro lo pusimos en un taper en la heladerita pero fue todo un desperdicio ya que cuando se empezó a derretir el hielo y, en la búsqueda desesperada por enfriar nuestros tragos en la previa, revolvíamos todo lo que habían ahí dentro, se cayeron todas las cosas, incluida la leche que se filtró en el taper del jamón. Si, quedó jamón con leche, un asco todo (creo que hasta el último día nadie volvió a abrir ese taper). En la previa hubo lindos momentos en que todo era risas y diversión - incluso una de las chicas de tanto moverse y reírse y todo se cayó en cámara lenta de su silla, con su trago incluido, arriba de una de las carpas, ese momento fue genial-  hasta que obviamente ya no nos quedaba más hielo. Una amiga no tuvo mejor idea que gritarle a los vecinos que había dicho que nuestro hotel parecía un circo, si nos daban algunos hielillos. Al rato cayeron un par y se quedaron hablando. Muy lindo todo, bueno, no tan lindo como la cara de culo de alguna de las chiquilinas por la presencia de los chicos.
El caso es que salimos para el baile que quedaba al lado de la Fortaleza a eso de las 4 am. En la larga caminata una de las nenas se cayó (alega que ella no tuvo la culpa solo, que estaba muy ebria y que la otra que, más o menos la estaba sosteniendo para tener un poco más de equilibrio, la soltó cuando se resbaló por las piedritas y los tacos), la cosa es que se raspo toda la pierna y cuando llegamos al baile pedimos ayuda de las lindas muchachas que estaban en la puerta del boliche. Muy amablemente las chicas le hicieron sana, sana rodillita de rana, le pasaron alcohol por la pierna toda ensangrentada, y si no sana hoy… sanará mañana (todavía tiene las cicatrices). Un desastre todo pero bueno, si no le pasan cosas en verano no es ella, otro días les contaré por qué, capaz. En fin, llegamos, mucha gente, mucha fiesta, mucho alcohol, mucho pow chow wow, bailamos, todo genial, siempre acompañadas de los vecinos. Dos de nuestras señoritas estuvieron con unos caballeros que encontraron por ahí y se quedaron un rato más que las que nos moríamos de sueño y decidimos que nuestra noche había llegado hasta ahí. Volvimos con algunos de los vecinos caminando. Yo llegué al campamento y me senté en una de las sillas que había por ahí porque no estaba preparada para acostarme todavía (vieron que a veces se mueve todo un poco más de lo normal), la cosa es que uno de los vecinos (que en realidad no era del grupo de los vecinos de siempre) se sentó al lado mío y seguía tomando vino (a todo esto eran las 7, capaz que 7:30 am) y me hablaba de su vida. Me agarró en un mal momento de la mañana, sé que soy un intento de psicóloga pero la verdad que no quería escucharlo ni que me pagara, entonces preferí irme a dormir aunque se moviera toda la carpa. Al momento de dormir me di cuenta que la colchoneta que había llevado no servía para absolutamente nada (era de esas de yoga), así que la hice rollito y la usé de almohada, eso me salvo la noche (aunque era re de día para mi seguía siendo muy de noche).

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