Día 1
Al fin llegó
el bendito 1° de enero en el que partimos hacia el este. Tuvimos que tomarnos
dos bondis porque no encontramos uno directo, no porque no exista, sino porque
era primero de enero y no quedaban más asientos a la hora de sacar los pasajes.
Salimos a las 5 am para Pan de Azúcar, yo me tomé el bondi en el primer peaje
porque pasé fin de año con mi viejo y no pintaba ir hasta Tres Cruces para
salir con las chicas. Llegamos como en una hora, capaz que una hora y media,
una llegó más tarde porque iba desde Piriápolis y la llevaba el padre. Entre
juegos de cartas incompletos, galletias con jugo y charlas sin sentido y pensar
que Pan de Azúcar parecía un pueblo fantasma a esas horas de la mañana, se
pasaron las 2 horas de espera hasta que llegó el ómnibus hacia nuestro destino a
eso de las 8.30 am.
Llegamos
por el mediodía al Parque Nacional Santa Teresa, 6 de las chicas, bueno 7 pero
era porque la maldita si había conseguido ómnibus directo y justo llegaba a la
misma hora que nosotras. Hicimos la fila para registrarnos con un sol que
rompía la piel, hasta que por suerte llegamos a la caja donde había algo de sombra.
Para el momento de registrarnos obviamente no habían más parcelas con agua ni
luz como deseábamos, así que nos registramos en las parcelas comunes por el
mínimo de días, o sea, 3. Después nos tomamos una camioneta desde la entrada
hasta el sector donde nos instalaríamos. Íbamos con unos 2 chicos y 2 chicas
que evidentemente no era la primera vez que iban. Los chicos nos recomendaron
lugares para ubicarnos - cerca del super, de los baños y relativamente cerca de
la playa y del baile de la fortaleza - aunque en realidad ya sabíamos los
mejores lugares porque habíamos estado investigando un poco. En cambio, una de
las chicas que no conocíamos, cuando se bajó, nos miró y nos dijo: ‘espero que
sobrevivan’ con un tono obvio de burla. Después de unos minutos llegamos a la
zona que queríamos y bajamos de la camioneta, los chicos muy amablemente nos
ayudaron a bajar todas nuestras cosas y así arrancamos, cargando con un millón
y medio de bolsos, salimos a recorrer el camping para encontrar un buen lugar.
Encontramos uno bastante rápido y algunas nos quedamos ahí guardando el sector
(no digo parcela porque nunca supuse si teníamos un numero asignado, sé que estábamos
cerca de las parcelas B115, B116 y me acuerdo de haber visto también el de la
B120), mientras otras dejaron las cosas y fueron a ver si había uno un poco
menos en bajada. Al rato volvieron y decidimos quedarnos ahí porque no pudieron
encontrar nada mejor.
Ahí
es cuando empezó la gran odisea de armar lo que sería nuestro ‘hogar’ por 6
días. Empezamos a ver dónde armábamos las carpas, dónde poníamos los toldos,
sacar las cuerdas, los pulpos, la pala… y todas esas cosas de camping. Según
los vecinos parecía que estábamos armando un circo. Imagínense, unas señoritas
que no tienen mucha idea de lo que están haciendo, acaloradas, ya un poco
cansadas porque habíamos salido a las 5 de la mañana, con hambre y sed. Al cabo
de un rato llegó otra de las chicas que venía desde Punta del Diablo y seguimos
armando las cosas. Al terminar de armar el cuarto de hotel 5 estrellas, comimos
una torta de fiambre que había llevado alguna de las chicas desde Montevideo. Al
ratito llegó otra de las chicas que venía desde Aguas Dulces, ella era clave
porque traía la garrafita que sería nuestro único fuego para cocinarnos algo
relativamente decente. Con su llegada ya estábamos las 9 que habíamos decidido
ir a Santa Teresa, una desistió en el camino.
Si mal no recuerdo, fui la única que durmió
siesta porque estaba muy cansada y con dolor de cabeza, así que no tengo ni
idea que hicieron las chicas cuando yo dormía, supongo que ordenaron un poco
más. Cuando me desperté decidimos que era hora de ir a la playa. Había que
caminar mucho un poco pero llegamos. Ya cuando empezó a atardecer arrancamos
para a nuestros aposentos.
Cuando
llegamos a nuestro hotel 5 estrellas, algunas se fueron a bañar, otras seguían
arreglando un poco el campamento y otras cocinaban. La primera cena la verdad
que no me acuerdo muy bien que fue pero sé que no fue la mejor del mundo, igual
comparado con otra que será contada otro día, ésta debe haber sido un manjar de
los dioses. Después de comer nos quedamos bobeando un poco. Durante esas horas
que estuvimos despiertas conocimos los canticos que se harían habituales por
las noches. El primero que se oyó era la clásica cuenta regresiva anterior a
las 00hs de fin de año, se ve que les encantó que todas las noches sea fin de
año y así fue, siempre antes de las 12 todas, TODAS las noches se contaba para
atrás. Otro muy conocido decía: ‘Si nos organizamos encontramos a Darío!!!
Encontramos a Darío!!!’ (no sé quien era Darío, no sé si lo encontraron al final,
nunca pregunté).
Un
rato después llegaron unos muchachos al lado de nuestro circo y se pusieron a
armar sus carpas. Como no tenían linternas y nosotras teníamos bastantes ya que
todas procuramos llevar una, le cedimos nuestra bendita luz. Todas estábamos
bastante cansadas (yo no tanto porque había dormido siesta) y solo dos éramos 2
las que queríamos salir, así que nos quedamos bobeando un poco más a la luz de
las linternas (hasta el momento no nos avivamos de ir a comprar velas) y mi
amiga se tomo un vodka para alargar un poquito más la noche, yo por mi parte me
contuve de empezar me querido whisky. Después de un rato de molestar
particularmente a una de las chicas que intentaba dormir (aunque era obvio que
molestábamos a todas porque estábamos gritando), nos fuimos a dormir, cada una
a su respectiva carpa. Tranquilamente se pasó el primer día de camping.